Árboles artificiales para limpiar de impurezas el oxígeno

Hace unos años el gran estadista y casi seguro futuro presidente del Gobierno Mariano Rajoy, prometió que de ganar las elecciones iba a lanzar un proyecto para plantar quinientos millones de árboles en todo el país. O lo que es lo mismo, un elaborado plan de evacuación de toda la población española y sustituirlos por pinos y robles, al fin y al cabo así tendrían el voto asegurado y un pueblo en silencio.

Disparates aparte del futuro culo presidencial del sillón de la Moncloa, la deforestación del planeta es un grave problema que amenaza a todos, salvo a las grandes empresas madereras que deben pensar que los billetes como verdes, también provocan la lluvia.

A pesar de que existen decenas de materiales sustitutivos (la hoja de marihuana, por ejemplo) la demanda de madera continua al alza y España, entre otros, es uno de sus grandes importadores mundiales. A pesar de que los árboles son el mejor remedio para luchar contra la contaminación, en grandes ciudades como Madrid los espacios verdes son cada vez más escasos y lo que antes eran prados verdes donde respirar aire puro, ahora es asfalto asesino de polución.
No todos somos la baronesa Thyssen y además al resto de los mortales la policía nos corta las cadenas con el posterior traslado a calabozos.

Aunque como las tetas, siempre son preferibles naturales, viendo la aversión pública que sienten algunas consejeras de medio ambiente, quizás prefieran las de silicona. Atenta señora Botella.

Le presento a Mario Caceres y Cristian Canonico, dos diseñadores, mejicano e italiano respectivamente, que presentaron el proyecto bautizado como Treeepod al SHIFTBoston Urban Intervention Contest, un concurso de ideas ecológicas y materiales sostenibles enfocadas a la urbanidad que se celebra cada año en la ciudad de Massachusetts.

Los Treepods son unos árboles artificiales cuya principal función es captar el oxígeno contaminado, filtrarlo y expulsar oxígeno libre de impurezas. Aunque contemplando el diseño, calificarlo como árbol resulta un tanto arriesgado, lo importante como casi siempre no está en el continente.

Gracias a los múltiples puntos de captación que están ubicados en las “ramas”, el sistema filtra el aire y elimina el dióxido de carbono mediante un proceso conocido como “Humidity Swing”. El proceso es posible debido a la energía solar de los paneles fotovoltaicos que llevan incorporados y la energía cinética proveniente de los balancines.

Y es que tal y como afirman sus creadores, los Treepods son algo más que un sistema de purificación del oxígeno. Es un centro de reunión social donde los niños juegan con los columpios que a su vez proporcionan energía cinética al árbol y los adultos pasan una tarde agradable respirando aire puro lejos de la habitual polución de la ciudad.

Además, la energía que almacenan los Treepods durante el día sirve para iluminar los árboles durante la noche, aunque el resultado resulte un poco estridente. El ingenio es 100% ecosostenible desde su origen y es que están fabricados con botellas de plástico recicladas, así cuando llegue el momento de su eliminación el material podrá utilizarse para otra cosa.

Mientras que las autoridades locales parecen estar contentos con la propuesta, los ciudadanos se debaten entre la practicidad y la estética, que es el principal punto en contra, pero según recogen los medios locales las primeras reacciones parecen ser positivas.

Ya lo decía el cuento, la belleza está en el interior, más aún si el interior es limpio.

-Poder latino-

Aunque en Hollywood se empeñen en decir lo contrario, los norteamericanos no son siempre los primeros en todo. Los árboles artificiales no crecieron en Boston y aunque sean pocas las ocasiones esta vez los “frijoleros” pueden presumir de ingenio ante el “gringo” ricachón del norte.

En 2009, Lima instaló unos prototipos diferentes en el diseño pero similar en el proceso. Se trata de una gigantesca estructura metálica de cuatro metros de altura que imita el proceso de la fotosíntesis. El “árbol” recoge el aire contaminado, libera el polvo, los gérmenes, las bacterias y los gases de los motores y es capaz de generar hasta 200.000 metros cúbicos de aire limpio diario, con un gasto energético de 25 kilovatios, el equivalente a unas 25 bombillas de 100 vatios.

En realidad, los vecinos de México y Chile fueron pioneros en la instalación de estos ingenios, pero el alto coste de mantenimiento dio al traste con sendos proyectos.

En el momento de su presentación los peruanos pretendían instalar hasta 400 de estos árboles en los próximos cuatro años de los que aseguran, podrían beneficiarse hasta ocho millones de ciudadanos. Hoy, en 2011, ya se puede hacer una valoración con cierta distancia. La crisis económica ha frenado las expectativas de las autoridades y aunque no se ha cumplido los plazos previstos, el proyecto sigue vigente con la promesa de reanudarse cuando las condiciones económicas así la permitan.

Según las organizaciones ecologistas, Lima es una de las capitales latinoamericanas más contaminadas y aunque en su momento apoyaron de buen grado estos árboles artificiales, ahora critican que mientras con la mano derecha la clase política se pinta de verde, con la izquierda siguen financiando la proliferación de industrias contaminantes en la capital, que además no han cumplido con su promesa de generar empleo y riqueza en la ciudad.

El eterno dilema que amenaza el planeta. La rentabilidad económica está por encima de todo, incluso de nuestra propia subsistencia y aunque lo verde se haya convertido en un disfraz con el que algunos camuflan la toxicidad de su alma, a estas alturas de la partida la única solución es apostar decididamente por la esperanza, aunque en el camino alguno se haga rico fingiendo ser lo que no es. Iberdrola, energía verde.