5 artistas contemporáneos que crean con luz

La luz es una constante en el arte. Si hablamos de artistas que trabajan con la luz básicamente podríamos citar a todos, desde el último y más evolucionado programador hasta al mismísimo Leonardo Da Vinci. Pero nos gustan los caprichos y las arbitrariedades, entonces armamos una breve colección de cinco artistas; algunos experimentan el cruce con la arquitectura, otros van de lleno hacia el cine y otros abren la posibilidad de interactuar. El criterio de selección fue bastante lineal: los cinco tenían que ser contemporáneos y trabajar en línea directa con los adelantos tecnológicos, es decir, utilizar la luz como objeto y soporte de sus producciones.

Daniel Canogar

El trabajo de Canogar se nutre de la fotografía, del arte plástico y de la electrónica. Es una obra compleja, con múltiples posibles definiciones, aunque una constante es su búsqueda por humanizar la tecnología. En el núcleo de sus creaciones habita el concepto de Ecosistema visual, algo así como el bombardeo de imágenes ataca en la vida cotidiana. Las instalaciones que desarrolla interpelan la exposición obligatoria a esa realidad fantasmagórica; reflexionan sobre el cuerpo y la influencia del avance tecnológico. Según él, existe un diálogo silencioso entre el ser humano y la tecnología, por eso en sus obras el espectador no sólo se sumerge en imágenes proyectadas, sino también en los dispositivos encargados de generarlas, como ordenadores, cintas de video, cables, etc.

Una de sus obras más impactantes es Asalto (2009), una video proyección interactiva sobre la fachada del Alcazar de Segovia. La obra juega con el imaginario colectivo y propone saquear virtualmente el monumento. Sobre el piso, el artista armó una base en madera pintada de verde, encima ubicó una cámara conectada a una isla de edición que recorta con un efecto croma el color de fondo (el verde). Los espectadores se arrastran por la tarima, la cámara captura esa imagen y la proyecta procesada, en gigante, sobre la pared del monumento. El efecto es una persona que escala por las paredes. Y mejor aún es cuando son quince o veinte las personas que intervienen: parece un grupo de gente alocada que se apodera del edificio. La obra es una ironía sobre las fantasías históricas y una forma de ver la tradición con una actitud superadora.

A mediados de 2010 desarrolló una video-instalación en el atrio del edificio Justus Lipsius (Bruselas), donde se llevan a cabo las reuniones del Consejo Europeo. Está integrada por una pantalla de LEDs suspendida desde el techo que proyecta imágenes de personas en movimiento: corren, caminan, se tropiezan, como si fuera un espejo del incesante flujo de gente que atraviesa ese hall diariamente. La pantalla tiene de 33 metros de largo por 1,65 de ancho y está fabricada con materiales flexibles. La obra es un bucle gigante flotando a cuatro metros de altura. El artista quiebra metafóricamente con la corporeidad rectilínea en referencia a los proyectos políticos y sociales europeos. Es un llamado a dejar de lado la rigidez en las decisiones que se toman.

Realities:United

El estudio alemán Realities:United va detrás de un espacio capaz de mutar por sus propios medios, o lo que es lo mismo: concretar el antiquísimo proyecto de la arquitectura dinámica. Los fundadores de este equipo, los hermanos Tim Edler y Jan Edler, expresan con maestría esta búsqueda en BIX, una de sus instalaciones más interesantes, donde deja en claro que el objetivo principal es fusionar recursos del mundo tangible y de la virtualidad. Al mismo tiempo, ubican en primer plano los códigos que hoy conectan a la arquitectura con el universo informático.

BIX fue pensada para el Kunsthaus Graz (Austria), un salón internacional de exposiciones de arte moderno y contemporáneo. La fachada principal del edificio se transforma en la pantalla de un ordenador donde emerge un diseño interactivo a gran escala. Se desplegó una matriz de 930 anillos de lámparas fluorescentes que cubren un área aproximada de 20 metros de alto por 40 metro de largo. Los anillos cumplen la función de píxeles gigantes, y su intensidad se puede graduar desde un ordenador con una amplitud de dieciocho valores por segundo. La misma fachada emite la luz. El proceso es integral, no hay proyecciones. La instalación fue pensada exclusivamente para exhibir producciones artísticas; como sus costos de montaje y mantenimiento son relativamente bajos no ha tenido la necesidad de vender su espacio con fines publicitarios.

En la misma línea, el estudio desarrolló SPOTS, integrada a la fachada de cristal ventilada del edificio en la Potsdamer Platz 10 (Berlín). El despliegue técnico de esta obra es distinto, cuenta con 1774 lámparas, 1.014 de forma anular y 760 rectas. La superficie total iluminada es de 1350 metros cuadrados, atravesada por más de 10 mil metros de cable. La frecuencia de refresco de imagen es de 20 valores de intensidad luminosa por segundo. Al igual que en BIX, mediante un ordenador se controla el trabajo de la luz, en este caso el sistema permite una manipulación individual de cada una de las lámparas. Como consecuencia, en la fachada se recrean diseños, gráficos y secuencias de animación en movimiento.

Los hermanos Edler explican que la intención no es tapar la arquitectura con una instalación multimedia, sino darle continuidad al proceso comunicativo, teniendo en cuenta las variables arquitectónicas, la tecnología, el entorno urbano, los cambios sociales y el arte. El eje de la obra está en la utilización simultánea de estos niveles de comunicación, a partir de una película coloreada translúcida, como si fuera la piel del edificio.

Peter Kogler

Su eje de acción apunta a entrecruzar la arquitectura con el cine. Kogler comenzó a experimentar en el arte a principios de la década de 1970 con piezas que exaltaban lo gestual-simbólico; el quiebre llegó veinte años más tarde con la inclusión de ordenadores y un trabajo profundo dentro del denominado Cave (Cave Automatic Virtual Enviornment) [Cueva con un entorno automático y virtual]: una habitación de tres metros de alto, por tres de ancho, por tres de largo, abierta en uno de sus lados. En toda la superficie, techo y suelo incluidos, se proyectan imágenes digitales en tres dimensiones que se realzan con un sistema de lentes que deben llevar puestos los espectadores. El concepto es modificar el espacio expositivo, no sólo por la utilización de la tercera dimensión, sino abrir las puertas a un nuevo vocabulario inspirado en la tecnología aplicada a la información, la comunicación y la arquitectura cinematográfica.

Las experiencias Cave fueron el punto de partida para desembocar en obras como Untitled (2008), desarrollada especialmente para el Mumok de Viena. En las cuatro paredes de una sala rectangular de dimensiones notablemente amplias, mediante 12 proyectores, Kogler construyó una animación sincronizada donde las figuras -abstractas, amorfas- se iban fundiendo en armonía con la música, compuesta especialmente para la ocasión por el músico Franz Pomassi. El resultado fue una súper estructura audiovisual que le permitía al espectador sumergirse directamente en la obra, ser parte del movimiento. Por momentos, las composiciones generaban la sensación de que la sala se transportaba hacia arriba como un ascensor, y por otros se iban deslizando por los bordes deconstruyendo la fisonomía original del lugar.

Kogler no sólo ha trabajado en espacios cerrados, también intervino fachadas de edificios y espacios públicos. Intervino el estacionamiento del aeropuerto de Viena en 2005, y proyectó animaciones en monumentos históricos de París y Frankfurt. En Basel, por ejemplo, simuló un cielo urbano virtual en plena calle. Una de sus últimas obras al aire libre fue para el RUHR.2010, Festival de arte de la luz, que se celebró en Duisburg (Alemania), donde proyectó imágenes sobre un anfiteatro de más de 200 metros de extensión, al borde de un lago artificial.

Douglas Gordon

Si se habla de la luz en el arte la referencia inmediata es el cine. Y dentro de la experimentación en la esfera cinematográfica el nombre de Douglas Gordon es un pilar fundamental. Antes de cumplir los treinta 30 años ya era un artista reconocido mundialmente por sus intervenciones, que se caracterizan por manipular la percepción visual. Gordon no se hace llamar cineasta, prefiere la palabra cinéfilo. Algo de eso hay, sus trabajos más reconocidos tienen que ver con producciones clásicas de Hollywood. Un ejemplo claro es su famosa obra 24 Hour Psycho (1993), capítulo clave para introducirse en su universo conceptual. El artista ubica una pantalla de cine, diagonalmente, en medio de una sala casi oscura, donde proyecta el film de Alfred Hitchcock, sin sonido y ralentizado a tal punto que la proyección completa dura 24 horas. Se ve cuadro por cuadro y más, la película se convierte en una secuencia llevada a tal límite que produce sensaciones corporales. Los espectadores contemplan de pie y pueden moverse alrededor de las imágenes.

Para Through the looking glass (1999), trabaja sobre dos pantallas enfrentadas. Emite reiterativamente un fragmento de poco más de un minuto de la película Taxi driver, de Martin Scorsese. Se detiene en la escena más famosa: el protagonista pregunta ¿Me hablas a mí? y luego comienza un violento tiroteo. El espectador no interactúa, la obra genera la sensación de estar encerrado en medio de las balas. Este tipo de trabajos, como la mayoría de sus obras, puede ubicarse dentro de la categoría Cine de exposición, una categoría que redimensiona el rol del espectador. La obra de Gordon dio origen al término Screen art que se aplica tanto a los creadores que utilizan imágenes en movimiento como a quienes proyectan su material en museos y galerías artísticas en lugar de utilizar salas convencionales de cine.

El centro de Play dead, real time (2003) fue un elefante. La obra hace referencia a un hecho real, el caso del elefante Topsy, que había matado a tres personas. En castigo, fue electrocutado en Coney Island. El procedimiento fue filmado por la Edision Manufacturing Company y el resultado fue una película macabra de un minuto de duración que mostraba el pesado elefante cayendo al suelo. Fue un espectáculo itinerante durante años. A modo de contestación, Gordon filmó un elefante adentro de una galería de Nueva York; siguió de cerca todos sus movimientos y le dedicó primerísimos primeros planos a su ojo. La proyección muestra las dos imágenes en paralelo. La idea es actualizar metafóricamente la historia a Topsy y generar la incógnita sobre la percepción hipotética del elefante y su propia muerte.

Mobilenin

El último en la lista de Mobilenin, sus trabajos no arrastran mayores novedades, pero hay que reconocerle el aporte de incluir a la telefonía móvil en el arte de intervenir fachadas. Por ejemplo, la acción MobiSpray es simple y visualmente atractiva. El artista primero selecciona el objeto a intervenir -pueden ser carteles, muros, aviones, etc.-, después hace el montaje de hardware, y una vez que todo está funcionamiento comienza el espectáculo. El resultado es algo parecido a una lata de aerosol (de allí el nombre) digital que va coloreando y tirando líneas sobre la superficie intervenida. No es una novedad sorprendente a esta altura, la técnica ya ha sido utilizada en cientos de oportunidades, al punto que se ha convertido en una moda y casi en un clisé técnico. Aún así, el trabajo de Mobilenin deja ver que hay segundos planos de acción, lo cual abre puertas para seguir investigando. La tecnología aplicada a la visualización de datos e imágenes digitales es todavía un terreno poco explorado; aunque el arte digital ya tiene más de 40 años, el avance y la innovación de los equipos permite desdibujar límites día a día.