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¿Cómo sobrevivir a un día sin móvil ni GPS ni ningún otro tipo de gadget?

La semana pasada, decidí llevar un pequeño experimento que a muchos les hubiesen dejado de la mano de Dios, abandonados a su suerte, y de hecho así es como me sentí…sabía que esto iba a ser un día de perros pero creo que lo necesitaba. ¿La idea? Vivir un día sin tecnologías al alcance de mi mano, es decir… vuelta a los ochenta, sin móvil, sin iPod, sin GPS en el coche ni acceso a Internet, Facebook o Twitter.

En resumidas cuentas, me mentalizaba para una autentica dieta de tecnologías. Lo que me ha llevado a tomar esta decisión ha sido el estrés y las prisas… soy un hombre multitarea pero a veces siento como el mundo se me viene encima, el tiempo me mete prisa y a veces hago las cosas a todo trapo y mal. Ya conocen la expresión… vísteme despacio que tengo prisa. Ahí va el relato…

“Suena el despertador… ¡por diooooos, que alguien lo pare! Odio el sonido del despertador a la hora de levantarme. Titititi! Titititi! Vaya experiencia traumática, casi la había olvidado ya que mi móvil suele despertarme con respecto, al son de mi canción preferida del momento, y un suave efecto de fundido progresivo. Hoy, parece que me levantaré con el pie izquierdo, son las 6h30 y toca salir a hacer footing.

Me visto algo confuso, a punto de llevarme el iPod y mi podómetro Nike. Sí, iPod + Nike son mis compañeros de sufrimiento por las mañanas, pero hoy no… ¡qué asco, se me va a hacer más largo que de costumbre! Odio el silencio. No sé por qué la gente siempre asocia el silencio con la relajación, a mi me estresa. Necesito oír vida a mí alrededor. Salgo a correr, pasa una hora, y vuelvo sudado… ¡oh, dios mío, vaya sesión de meditación! He estado sumido en reflexiones todo el rato, y en comunión con la naturaleza… no os moféis, asistí al despertar matutino del campo, era real.

Duchita para eliminar a las toxinas y un desayuno relámpago que tengo una reunión en el centro y no sé dónde está… Desayuno un café solo. Nooooo, que no usaré un molinillo de café a la vieja usanza. He dicho vuelta a los 80, no a mediados del siglo XIX. En fin, me despido de mi móvil y netbook como si no los fuera a ver nunca más y me bajo al garaje para coger el coche. Ayer puse el GPS en la guantera, así que me valdré de mapas y un poco de saliva… preguntando y haciendo vida social.

¿Sabías que los conductores sin GPS presentan un 12% más de partes por accidente? Y todo eso por los sistemas de seguridad que avisan de los excesos de los conductores… ya se me pone un nudo en la garganta, mejor irme en taxi ¿no? Me armo de valor y enfilo la autopista hacía el centro de Valencia. No tengo GPS, ni he podido sacar la ruta desde Google Maps unos minutos antes ya que tengo prohibido el uso de Internet. Despliego el mapa… ¡uff, qué peligro! Calle de los Carteros… pregunto a unos transeúntes, ni caso… ¿acaso les asusto? Pondré cara tierna de gato de Shrek, a ver si surte efecto. Pasan unos minutos, he hecho algo de vida social… ¡Dios, que mal se explica la gente, ya llevo media hora dando vueltas! Eso o soy muy espeso hoy… casi secuestro a uno para que sustituya a mi querido GPS… en 500 metros gire a la derecha, ¡y suélteme del cuello!

Llegue tarde a mi cita, y claro, tampoco pude avisar a mi contacto de mi retraso, pues no tenía móvil conmigo. Enfadado, engurruño el mapa, me bajo del coche y me derrito en disculpas, al parecer no le ha hecho gracia mi experimento… claro, él es notario, qué sabrá de la pesadilla que estoy pasando. Pasa una hora, ya estoy camino de casa pero necesito avisar a Ana de que llegaré tarde al almuerzo y hace tanto que no la veo. Necesito una cabina telefónica, ¿seguirán existiendo? Mala idea, en este momento estoy convencido de que un mensaje de humo sería más efectivo. Encima, no puedo usar mis tarjetas y no tengo calderilla… qué más da, ya he llegado.

Estoy en la plaza de la Reina de Valencia, en el Barrio del Carmen, mi antiguo barrio hace unos cuantos años. Mira,… artistas callejeros tocando la guitarra. Es mejor que tener un iPod, música en vivo. Ahí está Ana, la pobre lleva media hora de plantón. Les pediré que toquen una canción para ganarme el perdón de Ana. Total, a través de iTunes me hubiese costado 0,99€, así que deslizo un par de euros en el sombrero de los músicos. Al final, va a ser bueno eso de dejar el iPod en casa. De lo contrario, nunca hubiese tenido ese gesto con los músicos, igual ni les hubiese prestado atención.

Pasa una hora, volvamos a casa. Hay mucha tela por cortar: leer mis canales RSS para ponerme al día, responder al correo electrónico (bloggers, agencias, anunciantes, etc.), revisar posts y hacer un par de llamadas a varias distribuidoras de videojuegos para pedirles juegos, lo mismo con HP o MSI que me tienen que enviar portátiles de prueba y… todo eso sin móvil, sin iPod, sin GPS, sin laptop, ni Twitter o Facebook. ¡Qué lluevan sapos y culebras! El portátil pasa… total, un día sin trabajar. ¡Qué remedio! Pero Twitter o Facebook… ¿ni YouTube o la Wikipedia? ¿La PS4 en casa? Si no lo verá nadie… ¿no? Esta dieta de tecnologías me está empezando a agobiar un poco. ¿Y ahora qué haré?

Ah mira. Quería consultar la Wikipedia, pues me quedan las enciclopedias. Me temo que al día no estarán. Podría leer un poco pero mis últimos libros están en formato ePub, en mi lector de e-books. Acaricio una llave USB, la tentación es grande… ¡Qué inútil me siento! Me bajo a por el periódico, en pulpa de madera sí… papel. No hay versión digitalque quepa en ese laaaaargo día sin tecnologías. Llevo horas sin recibir llamadas ni un solo SMS, o sí pero eso no lo sabré hasta dentro de poco más de 15h.

Relax, Damien, respira hondo. ¡Funciona! Si os digo la verdad, me siento un poco desconectado, de mi mundo digital quiero decir, pero… ¿acaso no es eso lo que buscaba? El estrés y las tensiones habituales han desaparecido. Mejor me llevo un libro al parque, a las 20h he quedado con los amigos para tomar algo… llegan las ocho, ¿me habré equivocado de sitio? Estoy solo, no han venido mis amigos. Mejor me voy para casa, mañana será otro día. Efectivamente, al día siguiente me entero de que habían decidido cambiar el lugar de la cita… me enviaron un SMS pero claro, no me enteré hasta el día siguiente que, por cierto, es hoy. Así que puedo volver a conectar con la realidad digital.

He sacado conclusiones interesantes del experimento, conclusiones que ahora comparto con vosotros a modo de coletilla para este post:

Sobrevivir sin gadgets es perder el equilibrio por un momento

Las primeras horas sobre todo. Al fin y al cabo, los gadgets son una especie de apéndice humano y muchos nos sentimos perdidos sin ellos. Homo Sapiens Digital, es lo que somos, y al igual que les pasa a los animales salvajes domesticados, hemos perdido algo de nuestro instinto pero es sólo una pérdida momentánea del equilibrio… tenemos capacidad de adaptación, y nada es definitivo.

Vivir sin móvil/laptop es cortarle las alas a la productividad

Claro está. Sin uso del móvil no puedes realizar ni recibir llamadas o SMS. Y si no tienes acceso a un equipo conectado a Internet, no es posible consultar el correo electrónico ni sus redes sociales o peor aún, no puedes trabajar. El móvil es imprescindible, y el ordenador agiliza el flujo de trabajo. En algunos casos, ES tu herramienta de trabajo principal, otras veces solo es un asistente dócil.

Un día sin tecnologías es saludable, es como vivir en ralentí

A veces se cala o se ahoga, pero al no ir acelerado por un corto periodo de tiempo, te darás cuenta de que te permite volver a conectar con una especie de realidad perdida. Es como hacer turismo por la ciudad, se puede hacer de dos formas: ver las cosas con tus propios ojos o a través de la lente de una cámara. Tomas el tiempo de vivir las cosas, le das más importancia a los detalles.