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Todos tus triunfos y tropiezos en la red… hasta que la muerte os separe

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Adictos, somos adictos a la información y desinformación tratando de sobrevivir a la infoxicación mientras nos abrimos un camino más o menos errático por la vida digital. Participamos, colaboramos, comentamos y dejamos pisadas o huellas virtuales en decenas de redes sociales donde cobra vida nuestra identidad digital. Poco a poco se van afianzando nuestros sentidos digitales recién adquiridos y, confiado, soltamos la melena; la ambigua frontera entre la intimidad y la prodigalidad social se va haciendo más confusa y problemática.

La información es una moneda de cambio muy valiosa online, de hecho es tu activo más útil, el único que te define en las redes sociales. Eres lo que publicas y comentas en todas tus facetas… eres lo que “te gusta” según tu grado de sinceridad. A fin de cuentas no es más que un juego en el que decidimos hasta dónde alcanza nuestra sinceridad y el nivel de transparencia que estamos dispuestos a arriesgar para proteger ciertos datos personales,… compartir o no compartir, ésa es la cuestión del siglo digital en el que estamos inmersos.

Las redes sociales son también redes de objetos conectados, es lo que ya llaman la Internet de las cosas y está en plena expansión. El big bang de los gadgets inteligentes alcanza cualquier objeto anodino que se reinventa para agregar una capa electrónica que lo conecta digitalmente a la red social. Empezando por los smartphones, las pulseras cuantificadoras,…cepillos, tenedores, básculas, bombillas o plantillas de zapato inteligentes… sólo es el principio. Las redes sociales son clubes sociales donde moldeamos nuestra identidad digital: Facebook, Twitter, YouTube, Instagram, Tumblr, LinkedIn, Badoo, Pinterest, Vimeo, Fever, Lovoo,…

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En este patio libre y fugaz nos jugamos todo lo que estamos dispuestos a compartir, es una relación con altibajos, abierta y siempre compleja… en realidad todo se resume a una digitalización de nuestro ser, de lo que pensamos y somos. La actividad que mantenemos en las redes sociales o trasladamos a ellas con el uso de objetos inteligentes goza de cierto nivel de privacidad; el que hemos configurado en cada una de nuestras cuentas. Pero moverse hábilmente en este mar de casillas y opciones que marcar requiere a veces de un doctorado.

Es un tira y afloja constante ya que somos seres sociales. Necesitamos compartir, forma parte de nuestro ADN. De hecho existimos a través de ello, somos el verbo hecho carne de cañon digital… ¿porqué? Llevar el timón sólo es una ilusión, llevar el control de toda nuestra actividad es una tarea harta complicada que requiere de una gran inversión de tiempo y nervios de acero. Tus redes sociales son tuyas, tu muro lo es o es un espejismo. Que no te engañen, las redes sociales son de los anunciantes y tu eres un producto y como tal estás a la venta.

De ahí que… de nada sirve estos mensajes que inundan Facebook en contra de sus cambios en su política de privacidad… si aceptas las reglas del juego, y quieres seguir formando parte de ello, acepta la idea de que todos tus triunfos y tropiezos en la red se convertirán en estadísticas mercantiles. De hecho, es justo lo que manifiesta la red social Ello… la red social anti-facebook que quiere volver a lo simple y minimal, a la esencia de lo que debería ser una red social: un lugar donde conectar y compartir estos fragmentos de vida que nos animan a todos.

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Volviendo a la realidad, hay que ver la red de redes como un enjambre de bots que la recorren en busca de datos personales, rastrean continuamente la red hasta crear un mapa digital de todo ser que se mueve por ella. Esos bots te conocen mejor que tus propios amigos; esa es la conclusión a la que llegó un estudio llevado por investigadores del Psychometrics Centre de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido y del departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford en Estados Unidos.

Lo que hicieron es un test de personalidad a 90.000 usuarios de Facebook y crear un retrato psicológico a través de los “me gusta” de cada uno. Luego pidieron a los amigos y familiares que dibujaran un perfil de las personas participando al test. Resulta que el programa creado puede crear un perfil psicológico que rivaliza con lo que sabe tu madre de ti analizando tan sólo 150 “me gusta”, o con tu pareja con 300 “me gusta”… se puede llegar a al conclusión de que este modelo informático es más eficiente a la hora de juzgar una persona o tal vez sea el futuro de la psicoanálisis. Si estás dispuesto a prestarte al juego, puedes visitar esta web y dejar que te psicoanalice.

Resultados interesantes pero poco acertados en mi caso… y es que si una red social puede inferir detalles personales como la orientación sexual o la religión, se olvida de unas cartas primordiales en todo esto. Y es el nivel de sinceridad, arrogancia o compasión que impulsa cada “me gusta”; a veces ni leemos lo que marcamos con un “me gusta”. Estoy seguro de que alguna vez has tenido una conversación en Facebook o Whatsapp que acabó mal… ¿y si hubieses tenido esa misma conversación en la vida real? Transmitimos mucho más que palabras, lo hacemos a través de nuestra mirada, gestos, tono de voz… de hecho el tono de voz es la mayor parte del tiempo el responsable de los malentendidos. Os dejo un corto llamado Yo tb tq para ilustrarlo.

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La comunicación real no sólo está en lo que se dice o se comparte pero también en lo que se calla o no se comparte en la red. Esas evaluaciones por máquinas siempre tendrán un límite, el poder que tú estás dispuesto a entregarles. Teniendo esto en mente, engañarlas resulta fácil si mantienes la ambigüedad en tu actividad online. Existen páginas que te permiten borrar tu huella en cientos de redes sociales y demás servicios de suscripción, como JustDelete.me por ejemplo. De verás… ¿te vas a pasar el tiempo borrando tu rastro para luego volver a registrarte? Hay gente que de repente desaparecen de la red… ¿es viable a largo plazo?

No, ser un ciudadano digital es comprometer sus datos personales, que no prostituir ni intoxicar. Muchos se están convirtiendo en reputados usuarios online, sea a través de su página Facebook o canal Youtube y demás. Si decides exponerte, compartiendo todos tus triunfos y tropiezos, no olvides el aspecto viral de la red; te puede propulsar al estrellato o al asfalto en cuestión de horas… la fuerza de la red va en ambos sentidos. Obviamente existe el derecho al olvido en caso de tropiezo pero… ¿resulta eficaz cuando te has vuelto un fenómeno viral con miles de tuits? Por suerte, Internet es viralidad pero también el mundo de lo efímero.

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Pero no te preocupes, no es para tanto… sólo que vas a tener que aprender sobre la marcha a gestionar su identidad digital, requiere de los dotes de un social media manager o, mejor dicho, de un self-identity manager. No puedes apuntarte a todas las redes sociales y compartirlo todo sin trazarte un objetivo ni prescindir de un plan de crisis por si tropiezas.

Las implicaciones éticas del uso de las redes sociales y dichosos objetos inteligentes requieren de una gestión activa de tu identidad digital. Tu reputación online, ahora más que nunca, es un asunto de confianza. Los famosos se la juegan online, pero tu también… 140 caracteres son suficientes para convertirte en el blanco de todas las críticas. ¿Hasta qué punto debes exponer tu vida en la red?

En cada uno de nosotros hay un profesional social media, dormita pero está siempre alerta; es hora de que lo despiertes y tomes las riendas de tus éxitos y fracasos online antes de que la muerte os separe… o un tuit desafortunado.