4 pruebas de que las redes sociales están modificando la química de tu cerebro

En la historia humana, desde tiempos primitivos, es la primera vez que el cerebro humano está sometido a tal cantidad de impulsos provenientes de su actividad online. El cerebro es una intrincada red de células de compleja arquitectura. Esas neuronas forman circuitos cerebrales mediante sus conexiones, se llama la sinapsis. Esas estructuras y su funcionamiento explican todas las funciones que coordinan movimientos y el intelecto pasando por el control de las emociones. Estos circuitos no son inmunes a nuestro entorno y se adaptan a las variaciones del hábitat, a nuestros cambios de comportamientos sociales y actividades cotidianas.

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La era digital supone una inmersión tecnológica que está cambiando la química de nuestro cerebro, usar a diario la tecnología es estar sometido a una incesante tormenta de estímulos que altera químicamente nuestros circuitos neuronales. El cerebro reacciona a su entorno y responde a los estímulos digitales que recibimos al pasar horas frente al ordenador o usando el móvil. Existen multitudes de estudios que a lo largo de los últimos años han demostrado mediante pruebas de resonancia magnética y neuroimágenes que el uso de las redes sociales tenían un impacto en nuestro cerebro. Afecta a los circuitos corticales, lóbulos frontal, parietal y temporal.

La era digital es una era acelerada en la que nos sometemos a un bombardeo de estímulos que reducen nuestro tiempo de reacción utilizable, lo que nos intima a realizar un barrido rápido de la situación en busca de bits aprovechables de información para una toma de decisión rápida. Estimula el pensamiento al enfrentarlo a la resolución de problemas, lo que implica asumir ciertos riesgos y mejorar la memoria a largo plazo. Pero hay dos grupos de usuarios en este mundo digital: el nativo digital y el inmigrante que empezó a usar Internet en edad adulta. Estos últimos pasaron por un proceso de aprendizaje diferente; se adaptan más lentamente a la tecnología. En cuanto a los nativos digitales han fortalecido algunos circuitos neuronales que les permiten hace más con el cerebro gastando menos energía, perdiendo eso sí en reflexión.

El uso de la tecnología, Internet y las redes sociales no sólo está cambiando la forma en la que la gente se comunica, trabaja o se divierte. Los circuitos cerebrales que controlan nuestras aptitudes tecnológicas se ven reforzadas, lo que mejora nuestra percepción del entorno pero también nos estimula a la toma de decisiones rápidas. Pero no todo iba a ser positivo, algunos estudios apuntan a que una sobreexposición a la tecnología produce un déficit de atención y la adicción tecnológica activando zonas cerebrales idénticas a las de un drogadicto. Dado que ya he tocado varios de los puntos, creo que va siendo tiempo de desgranarlos en detalle a continuación: desde la adicción hasta la liberación de dopamina pasando por el refuerzo cognitivo.

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Adicción psicológica y destrucción de las fibras nerviosas del cerebro

La sobreexposición a las redes sociales -sea Facebook, Twitter o WhatsApp entre otras muchas- es fuente de comportamientos adictivos; ya no es un secreto a voces. Si le preguntas a tu entorno por su opinión al respecto, un alto porcentaje te dirá que sí. Pero… ¿realmente es así? Habrás leído artículos donde se dice que la adicción a las redes sociales activa las mismas áreas del cerebro que drogas como el cannabis o la cocaína. Escáneres han revelado una degradación del tejido blanco en áreas del cerebro que controlan los estados emocionales. Esta materia blanca juega un papel crucial en la velocidad de las señales nerviosas que afecta directamente la emoción.

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El uso excesivo de las redes sociales provoca una dependencia psíquica similar al consumo de drogas o al acceso intenso a la pornografía, debilita la mielina -una membrana grasa que aísla cada fibra nerviosa en el cerebro- y reestructura las conexiones cerebrales aumentando nuestra dependencia a estos impulsos neurológicos. Esa excitación neurológica va en aumento después de cada nueva interacción social online, y debería tratarse como cualquier otro trastorno codependiente ya que queda demostrado que daña a la salud cerebral. Ese trastorno de adición a Internet o IAD afecta los procesos emocionales, la atención, la toma de decisiones y al control cognitivo.

El estudio que permitió llegar a esta conclusión fue publicado en la revista PLoS One, por investigadores en China. Usaron neuroimágenes del cerebro realizadas en dos grupos de jóvenes, uno adicto a las redes sociales y otro que no padece ese trastorno. Personalmente, paso de caer en la tendencia amarillista de la que se amamantaron muchos medios. Las redes sociales al igual que los videojuegos tienen efectos muy positivos sobre nuestra salud mental y emocional, creo que el uso desmedido y excesivo siempre es malo. No todos los que usamos intensamente las redes sociales desarrollamos un IAD, sino más bien su mal uso y nuestro grado de implicación emocional.

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Liberación de dopamina y oxitocina, hormonas del amor y el placer

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Es más complejo en realidad ya que la dopamina es un neurotransmisor que influye en nuestro comportamiento, la actividad cognitiva y motora, pero también en el sueño, el humor, el aprendizaje o en mecanismos de motivación y recompensa. Responsable del placer y la motivación es, junto a la serotonina y a la endorfina, una de las tres hormonas de la felicidad. La liberación de dopamina es observada en situaciones que procuran placer o una recompensa inesperada. El chocolate tiene ese efecto por la presencia de fenilalanina, una buena sudada al gimnasio aumenta los niveles de dopamina en el cerebro, pero también los videojuegos y hasta las redes sociales.

La participación a las redes sociales se hace ante todo para alimentar el propio ego -sólo el 30 o 40% de las conversaciones cara a cara implican hablar de sus propias experiencias mientras que online sube al 80%-. Ahora bien, se demostró con imágenes por resonancia magnética que los focos de recompensa en el cerebro de los techies están más activos cuando hablan de si mismo o comparten sus puntos de vista que cuando escuchan a los demás. Se suma a ello el hecho de que las redes sociales son fuentes de avisos y notificaciones de estado de nuestros perfiles sociales, lo que activa la área del cerebro relacionada con la motivación; más a sabiendas de que tenemos una audiencia.

Las redes sociales nos recompensan por hablar sobre nosotros mismos. Lo mismo pasa con muchas apps del móvil con capa social, en especial las apps que implican el aspecto motivacional como las apps para dejar de fumar, apps para perder peso o apps para practicar algún tipo de deporte. Usan unas pequeñas chapas que se desbloquean cada vez consigues un nuevo logro, todo para motivarte. Pero en realidad nos están recompensando fisiológicamente por alcanzar nuestros objetivos a través de la liberación de dopamina. En cuanto a la oxitocina, llamada la hormona afrodisíaca o del amor, se libera cada vez que haces un uso intensivo de Twitter o cualquier otra tecnología. Eleva los niveles de oxitocina en la sangre, lo que reduce la ansiedad y crea una sensación de seguridad. Esa excitación derivada del uso de las redes sociales es la que hace que la interacción social se vuelva adictiva.

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Afecta a nuestra capacidad cognitiva, para bien y para mal

La presencia en redes sociales implica un patrón de actividad cerebral en regiones cerebrales asociadas a la toma de decisiones y solución de problemas. Si hay algo que caracteriza las redes sociales es su culto a lo que llamo el “buzz content”, contenido viral creado con la intención de cosechar la máxima aprobación social. Y claro, las tendencias se suceden a tal velocidad que cualquier intento por transmitir un mensaje razonado está destinado al fracaso; se hunde entre las interferencias y el ruido creado por millones de comentarios cortos dejados en redes sociales,… ¡cuántas veces habéis hecho “me gusta” sin siquiera leer la noticia en Facebook o hecho un retweet sin corroborar la información!

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Pero… ¿realmente es así,… gris? Los nuevos medios están cambiando la forma de vehicular la información pero esta no pierde su potencial. Se adapta al medio y aún fragmentada siempre logra abrirse camino a través de las redes sociales, nos invita a realizar intervenciones mediante comentarios. La información se vuelve viral a través de ese proceso de masticación social donde todos tenemos algo que decir, aunque sea un simple “me gusta”. Múltiples investigaciones sugieren que la participación en redes sociales reduce nuestra capacidad cerebral para filtrar las interferencias, hace que nos sea más difícil retener información online. En realidad, las redes sociales se ha convertido en un disco de memoria externa a la que siempre tenemos acceso.

Puede que nuestra capacidad cognitiva se vea mermada pero personalmente no le veo el problema ya que de nada sirve aprenderse algo de memoria, y más a sabiendas que lo habremos olvidado dentro de unos días. Pero si las redes sociales me permiten mejorar mi capacidad de procesar grandes cantidades de información e interactuar con ella, relacionarla… en realidad salgo ganando ya que paso de acumular datos memorizados simplemente pasivos a establecer relaciones entre bits de información asimilada y comprendida. Teniendo en cuenta la cantidad de información a la que nos sometemos en Internet, ese proceso de memorización se vuelve secundario para favorecer su comprensión y el procesamiento de los datos.

Lo que perdemos en capacidad de retención de información lo ganamos en flexibilidad cognitiva, es pura gimnasia para el cerebro: impulsos y estímulos es precisamente lo que necesita para no extraviarse y ser el anfitrión de un ente durmiente. Ryota Kanai, investigador del Instituto de Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres, llevó a cabo un experimento con estudiantes universitarios usuarios de Facebook. Llegó a la conclusión de que cuantos más amigos tiene una persona en Facebook mayor es el volumen de la materia gris en zonas de su cerebro relacionadas con la respuesta emocional o la memoria e incluso la comunicación entre personas. Así que la actividad en redes sociales tiene un impacto directo en determinadas zonas del cerebro.

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El homodigitalis social es multitarea,… el que mucho abarca poco aprieta

Más arriba, hice referencia al sacrosanto deficit de atención, un trastorno que hoy padecen muchos niños en clase y parece derivar directamente de un uso intensivo de las redes sociales e Internet en general. El homodigitalis es un ser social multitarea por definición, sin embargo carece de todo lo necesario para ser bueno en ello… Tenemos un apetito voraz por cualquier forma de interacción online, sea Facebook, Twitter o Youtube, WhatsApp, SnapChat,… somos mediavoros capaces de mirar su estado en Facebook mientras navegamos por YouTube y tenemos una conversación cara a cara -o mejor dicho pegada al móvil- con un amigo.

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Hoy nos pasamos la vida conectados. Tanto es así que la conexión Wifi o 3G se ha convertido en la base de la piramide alimenticia del geek tecnológico. El multitarea impulsado por las redes sociales no requiere de un tiempo de atención sustancial, a menudo se reduce en menos de diez segundos. Esto nos afecta en varios aspectos: perdemos fácilmente la paciencia y tenemos más problemas de concentración, lo que puede implicar estrés e incapacidad por resolver problemas, incluso inhibir nuestra capacidad creativa y rapidez a la hora de pensar. El Dr. Marcel de la Universidad Carnegie Mellon condujo una investigación en la que hicieron el seguimiento de la actividad cerebral de personas realizando dos tareas por separado y luego juntos. Demostró que la actividad cerebral disminuye cuando una persona intenta hacer dos cosas a la vez.

Participar en redes sociales es exponerse a estímulos constantes, cada bit de información anula los datos anteriores. Siempre que empezamos una tarea nuestro cerebro necesita situarse y si le interrumpimos se distrae y tiene que concentrarse nuevamente. Pues bien,… las redes sociales son fuentes de distracción e interrupciones, cortos de publicidad sin anuncios sino ruido parasitario de otras aplicaciones y redes que se entremezclan. Se ha demostrado que los usuarios adictos a las redes sociales fallan más en las pruebas multitareas que los que no las usan tanto. ¿Cuántas veces al día compruebas tus estados en varias redes sociales? Hay gente que lo hace cada minuto y medio… menudo ansiedad; es preciso empezar a usar las redes sociales con mayor perspectiva.

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Terminaré con una pequeña anécdota que demuestra que la adicción a la tecnología es bien real. Se llevó un experimento con unos estudiantes pidiéndoles que dejasen de usar su móvil durante 24 horas. Más allá de la ansiedad que haya podido desencadenar –nomofobia o fobia a quedarse sin móvil– algunos de los estudiantes sufrieron el síndrome de las vibraciones fantasmales. Es decir, tuvieron la sensación de que su móvil estaba vibrando y esto que no llevaban el móvil encima. Todos lo hemos sufrido alguna vez comprobando si no había llegado un mensaje o si teníamos una llamada perdida. Lo mismo ocurre con el oído, a veces tenemos la sensación de haber oído el sonido del móvil a pesar de que no haya sonado, o su vibración.

En fín…

Aún es pronto para saber cómo impactará la tecnología en nuestro cerebro en los años venideros, pero lo haremos a medida que avanza la tecnología. El cerebro es un órgano con una formidable capacidad de adaptación. Hasta hace poco se pensaba que en edad adulta ya no se creaban nuevas neuronas cuando en realidad existe la neurogénesis humana; cada día nuestro cerebro produce neuronas que contribuyen a su funcionamiento. Aún queda mucho por investigar pero de lo que estoy seguro es que la tecnología del homodigitalis impactará en nuestro cerebro de tal modo que la especie pueda seguir evolucionando y avanzando. Os dejo con esta infografía de Assisted Living Today.

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